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Llegó la navidad del año 2018, algo insólito y confuso en los tiempos que vivimos. El punto no es si llegó la navidad o pasa de largo a golpe de las circunstancias, el punto es que llegó, para la mayoría, como una bofetada a sus esperanzas promulgadas hace un año, -burladas desde hace muchos años-, llegó con miles de heridas abiertas y muchos juegos mentales de personas o grupos que juegan a “salvar el mundo” y su optimismo desbordado parece como esos regalos inútiles o feos que suelen dar las personas que no nos conocen realmente, es decir, que son cumplidos de Su generosidad o lo que sea, pero no son fruto de una verdadera empatía o un corazón que sangra al unísono del planeta.

El comunismo-populismo-socialismo, la autoayuda, la auto flagelación de millones, el amor convertido en “besos, lecho y pan”, los nuevos dioses hechos a la medida, la ridiculez in crecento de lo “políticamente correcto”, las ideologías exóticas e impopulares, la declaración pública como imposición, vendetta, de las elecciones, paranoias, deseos, sentimientos y géneros estrambóticos-agresivos, olvidando que son merecedores de todas sus necesidades y todo el respeto que simplemente todo humano merece. Una diarrea mental colorida, bufonesca, realmente necesaria en su esencia pero politizada sin pudor alguno; protagonista de cambios violentos que no terminan de cambiar nada de fondo, terminaron imponiendo las formas, como sus predecesores tan criticado, tan odiados.

En 2018, la “migración”, la espontánea y dolida, ha sido untada por la prefabricada, planificada al detalle y con propósitos “políticos”, usada para dañar y desequilibrar los lugares que estaban bien, promocionada para generar partidas millonarias en dólares y euros, fundaciones que quieren hacernos creer que la compasión es la moda de las modas y sus objetivos son simplemente altruistas. Hay de todo como en cada río revuelto, pero parece tácito el acuerdo de negar los orígenes de cada migración real y forzada, callar las palabras reales de los inmigrantes que en realidad quisieran estar o volver a su lugar de origen; señalar a los países y gobiernos receptores como los grandes culpables, los únicos responsables del fracaso social, político y económico de todos esos reyezuelos, demócratas falsos y guasones, comunistas serviles enamorados del poder y los dólares, fanáticos religiosos dispuestos a imponer infiernos terrestres para que sueñen con paraísos fantasmales. Todo eso se sepulta tras noticias manipuladas, más las emergencias diarias que los miles de millones de dólares entregados parecen no alcanzar ni para lavar el rostro ensuciado y hambriento de los migrados.

En casa, hay una deconstrucción propia, original, imposible de detenerse, que semeja al país secuestrado y al mundo incendiándose sin remedio entre odios y reclamos cada vez más extravagantes y absurdos. Se diferencia de esos voraces incendios en que aquí adentro se ha logrado un grado agradable de armonía, equilibrio interior que permite llevar mejor lo que dentro todavía no se resuelve y lo que llega desde afuera, atraviesa mis recursos protectores y ataca directamente a mi corazón , inteligencia, derechos y deberes; mi economía, mis méritos, mis sueños e ideales. También lo que se ha hecho y se hace como modesto y puntual aporte en positivo para participar en la realidad pública. Granos de arena dados con lealtad.

La deconstrucción interior está a cargo del tiempo, la del hogar, en manos de los secuestradores comunistas y su maldita manía de acabar con todo, lo íntimo y los público. Las consecuencias también son semejantes con las exteriores y se diferencian de las que observamos, sin poder hacer mucho, en que no las convierto en delitos, abusos, envidias, rencores, daños a lo ajeno. Siento que puedo sentir amplia empatía por la mayoría de mis semejantes, animales no humanos y humanos, plantas, minerales, objetos hechos por la mano humana. Esto traduce una Soledad trans-amorosa, indefinida y unida al sentido del wabi sabi japonés pero heredado de la conciencia campesina que forma parte de la herencia materna.

Amo las personas, la familia y amigos, mis amores ya vividos; también a la sociedad como un todo. Amo el arte, la poesía, las artes y la cultura universal en general. Amo los animales, las plantas y las cosas que me rodean, los objetos que tiene significado y me acompañan desde hace muchos años, algunos desde mi niñez temprana. Eso me salva, no del dolor, que es reconocerse en todo lo que existe y lo que sufre o muere, que forma la base, junto al amor, de la empatía. Me salva de sentirme herido permanentemente, me salva de buscar herir a otros, de tomar lo ajeno, de desear lo que no me he ganado. Me salva de ser indiferente o mentir para prevalecer. Puedo llegar a sentirme como una mierda, como un inútil, pero sé que son emociones pasajeras, que en las actuales circunstancias, oscilar, es como la enseñanza de la palmera que cede al viento sin dejar de ser ella por completo.

La Soledad es como el álter ego primario, como la amante, espejo-reflejo, donde todo lo podemos saber-compartir-decir de nosotros mismos. Su compañía es inevitable, siempre está allí como está el yo y su ausencia simultánea. Me hace feliz por ratos interminables, compartimos a diario nuestra única existencia. Pero llegan los momentos en que, como cualquier relación humana, uno se cansa del otro, o ambos se hastían, ella no me soporta o deja de quererme por un rato. Sabemos que pasamos demasiado tiempo juntos, demasiadas horas dentro de la Quinta; somos prisioneros de los invasores y sus lacayos traidores; lo que nos convierte en víctimas, felices o no, pero oprimidos por poderes oscuros, extraños, coños de madre, que impiden la real vida que ambos queremos
y llevamos por toda una vida. Amamos la Libertad, sin adjetivos ni ideologías.

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