La posibilidad de que todo lo que el ser humano piensa, le
pasa por su mente, es factible al menos en un 50%. El otro cincuenta por ciento
es que nada de eso exista. Mitad y mitad. Pero la posibilidad que existan las
ideas y fantasías de unos y no de los otros como la mayoría cree, no cumple
para nada con esa equidad del 50/50. Eso cambiaría los números, pero sin
ninguna razón simple, entonces hay que acudir a la cantidad de fe o lo
contrario depositado por las personas. Si tiene mucha fe puede llegar al
99.99%, pero nunca al 100 por ciento. Y eso ocurriría en ambos casos. Luego hay
aquellos mensajes que afirman que nada existe, que nada de lo que vemos es real
y por lo tanto, carecen de importancia. Pero hay un porcentaje de seres
humanos, bastante grueso, que no cree en esas teologías que niegan la cotidianidad.
Personalmente ubiqué mi punto de equilibrio teológico
dejando a la duda razonable –y a la irracional- al azar, la buena fortuna, la
mala leche, la casualidad, las coincidencias, las oportunidades, las
elecciones, las ficciones, la ciencia y el razonamiento científico, los deberes
de intentar explicar lo que de entrada me resulta inexplicable porque, en el
fondo de mí mismo, presiento que todo es espontáneo, simple, simultaneo y efímero
al extremo cuasi absoluto. Agnóstico “primario y primigenio” sin mayores
complicaciones, salvo las que nos plantean, sin margen de poder apartarse, las
religiones y sus representantes y que afectan la vida diaria de todos,
creyentes o no, detractores o disidentes pacíficos.
Lo que veo en mis narices es una guerra por tener la razón e
imponer criterios intangibles en todos los demás, sin contemplaciones. Cero tolerancia
real, aunque es obvio que las percepciones más extremistas de cómo se debe
vivir son las peores, las que están determinando gran parte de la violencia
mundial. La tolerancia y el respeto de muchos hacían las Libertades, los
derechos y deberes Humanos, son burlados diariamente por sectores político-religiosos
que perciben estas buenas acciones como debilidades del enemigo a las que hay que sacar provecho. Está claro el panorama y
negarlo es volver al hombre avestruz, que esconden la cabeza para no ver pero
deja pelao el culo para que se lo follen a placer.
Al no creer en una Verdad Universal, me libero del peso
muerto de luchar y matar para defender o difundir esa “verdad”. Puedo aceptar
al otro con naturalidad, porque si tenemos unos millones de años siendo humanos
y muchos menos viendo a los dioses con formas humanas, también es cierto que
tenemos miles de millones de años evolucionando para poder haber llegado a este
punto de gran civilización y gran desastre planetario, al mismo tiempo
inteligentes y absurdos. Las confesiones religiosas y las ideológicas las
percibo esencialmente íntimas, como siento que es la vida del humano libre. De
esas prácticas y cultivos personales, saldría el contacto más elevado y noble
para cuando ejercemos el ser social que todos compartimos. Lo creo porque estoy
convencido que el Ejemplo es una
clase práctica magistral que llega donde no llegan los datos, las sumas, los
sermones o las divagaciones individuales.
Sumar en positivo me suena a eso, hacer, compartir, dar y
recibir en armonía, actuando con propiedad y oportunamente, y que todo el
conocimiento sea traducido en esas vivencias compartidas, las que, en la
intimidad, nos van a regocijar y fortalecer como personas de buena voluntad.



Comentarios
Publicar un comentario